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Enter Verónica


SovietTiger

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When Rassía was something like 7 or 8 years old, Verónica appeared in her life. Verónica was an exotic dancer, or "teibolera", as they are known in Mexico, who survived by working at night in a Klub in the city.

 They say paid love is not worth it; but I have realized that the love of a teibolera is the most sincere of all: you always know how long it will last.

 One day, Miguel left school late and had to return to finish some papers at the office. He did not have had dinner, and when he left, after 1am, he found no place to grab something to eat.

 Miguel stopped by the Klub, which had a wonderful advertisement: “with the payment of your sexy, we invite you to dinner”. Miguel, knowing that his little Rassía was safe at his folks' house, entered the Klub.

 He paid his cover, and went in. After the frisking of style, they let him go inside. Since Miguel only had enough for the cover, they sat him at the bar next to the bartender. She introduced herself as Monica.

 She was a beautiful cinnamon skinned woman, with black hair, full of freckles. Miguel talked with her, as if they had known each other all their lives. But it came Monica’s turn to perform. “Only Girl” began to play in Rihanna's voice.

 As the chica danced around the tube, Miguel fell in love with her. She wasn't the tallest, or the most exotic, nor had the most beautiful body of the girls in the Klub. But a spell fell on Miguel that night.

 When Monica returned, she resumed talking with Miguel. She watched him get dinner. She told him that she was a lawyer too, so they had a very entertaining legal talk. The dream of any law student: a beautiful woman, in her underwear, serving you water and dinner, chatting with you about your profession.

 A couple of hours passed. One of the waiters went to Monica and whispered something in her ear. Her face changed, she took a small clutch and took out some Halls candy. She offered one to Miguel, and left.

 Forty-five minutes later, she returned to the bar, with noticeable marks on her face and glassy eyes. Miguel asked what happened. Monica just evaded the question, and continued the conversation where they had left it off. At this time, she confessed that her name is not Monica, it is Valentina.

 Another couple of hours passed. It's almost time to close. Miguel, feeling sorry for not having consumed anything but water, timidly said goodbye to Valentina. He held out his hand and handed over the voucher for his “sexy”, because he knew the girls got paid for each one of them.

 Valentina smiled, and told Miguel to come with her. She took his hand and they walked out of the bar area, down a long hallway and then up some stairs. They entered the first unoccupied room.

 Valentina pushed Miguel to sit down in a small armchair. She turned off the lights and only a bar of light was visible in the ceiling of the room.

 Delicately, Valentina unbuttoned Miguel's pants and discovered his penis, which was hard as a rock. Valentina put a condom on his dick and began to suck it in a way that Miguel had never experienced.

 Miguel felt Valentina's forehead hit his belly, while her fingers massaged his balls. Miguel couldn’t contain himself for long, and he exploded as he felt a thin layer of latex separated him from Valentina's throat.

 Valentina began to cough profusely. The condom broke. Miguel, ashamed, tried to apologize. Valentina laughed, removed the condom and emptied its content onto her tongue. "It's tasty", she said.

 The impromptu couple got ready and leaved the room. Valentina took Miguel by the hand to the exit door. The sun was rising.

 She asked Miguel for his cell phone to write down her phone number, took a selfie and created the new contact. She said goodbye to him with a long kiss.

 Still stunned by what he just experienced, Miguel checked out his cell phone, and found the newest contact: Licenciada Verónica Gutiérrez.

 

You can have a date with her now. Pick her up here.

 

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Cuando Rassía tenía algo así como 7 u 8 años, Verónica apareció en su vida. Verónica era una bailarina exótica, o “teibolera”, como se conocen en México, que sobrevivía trabajando por las noches en un Klub de la ciudad.

Particularmente, no defiendo ni estoy en contra de las personas que se dedican al entretenimiento “para adultos”, sin embargo, he caído en cuenta que el amor de una teibolera es el más sincero de todos: siempre sabes cuánto te va a durar.

Un día, Miguel salió tarde de la escuela y tuvo que regresar para terminar unos escritos en la oficina donde trabajaba como pasante. No alcanzó a cenar, y cuando salió, después de la 1am, ya no encontró nada abierto para comer algo.

Fue entonces que Miguel pasó por el Klub, que tenía un anuncio maravilloso: “con el pago de tu sexy, te invitamos la cena”. Miguel, sabiendo que su pequeña Rassía estaba a salvo en casa de sus viejos, entró en el Klub.

Pagó su cover, y entró. Luego de la cacheada de estilo, lo invitaron a pasar. Como Miguel únicamente tenía lo suficiente para pagar el cover, lo sentaron en la barra junto a la cantinera. Ella se presentó como Mónica.

Era una bella morena de cabello negro, llena de pecas. Miguel platicó con ella, como si se conocieran de toda la vida. Entonces, fue el tiempo de la cantinera para ir a bailar a la pista. Comenzó a sonar “Only Girl” en la voz de Rihanna.

Mientras la morena bailaba alrededor del tubo, Miguel quedó prendado de ella. No era ni la más alta, ni la más exótica, ni la más “frondosa” de las chicas en el Klub. Pero un hechizo cayó encima de Miguel esa noche.

Cuando Mónica regresó, continuó platicando con Miguel; y le sirvió su cena. Ella le dijo que también es abogada, así que tuvieron una plática jurídica muy entretenida. El sueño de cualquier estudiante de derecho: una hermosa mujer, en paños menores, sirviéndote agua, platicando contigo sobre tu profesión.

Teniendo un par de horas platicando, uno de los meseros fue con Mónica y le dijo algo al oído. Su semblante cambió, tomó un pequeño clutch y sacó unas pastillas Halls. Le ofreció una a Miguel, y se marchó.

Cuarenta y cinco minutos después, regresó a la barra, con unas notorias marcas en su cara y los ojos vidriosos. Miguel preguntó qué sucedía. Mónica, solamente evadió la pregunta, y continuó la plática donde la habían dejado. Y confesó que su nombre no es Mónica, es Valentina.

Pasaron otro par de horas. Ya casi es hora de cerrar. Miguel, apenado por no haber consumido nada más que agua, se despidió tímidamente de Valentina. Le estiró la mano y le entregó el vale por su “sexy”; porque sabía que a las chicas les pagan por cada uno de ellos que entreguen.

Valentina sonrió, y le dijo a Miguel que la acompañara. Lo tomó de la mano y salieron del área del bar, hacia un largo pasillo y luego unas escaleras. Subiéndolas, entraron al primer cuarto desocupado.

Valentina empujó a Miguel para que se sentara en un pequeño sillón. Ella apagó las luces y solamente era perceptible una barra de luz que rodeaba las cuatro paredes del cuarto.

Delicadamente, Valentina desabrochó el pantalón de Miguel y descubrió su pene, que estaba duro como piedra. Valentina puso un condón sobre el miembro y comenzó a mamarlo de una manera como Miguel nunca había experimentado.

Miguel sentía la frente de Valentina chocar contra su vientre, mientras sus dedos masajean sus testículos. No pudo contenerse mucho, y explotó mientras sentía que una delgada capa de látex apenas lo separaba de la garganta de Valentina.

Valentina tosió profusamente. El condón se rompió. Miguel, apenado, intentó disculparse. Valentina rio, quitó el condón y vació su contenido en su lengua. “Está rico”, le dijo.

La improvisada pareja se alistó y abandonó del cuarto. Valentina, llevó tomado de la mano a Miguel hasta la puerta de salida. Estaba comenzando a clarear.

Le pidió su celular a Miguel para anotarle su teléfono, se tomó una selfie y creó el nuevo contacto. Entonces, se despidió de él con un largo beso.

Todavía aturdido por lo que acaba de vivir, Miguel revisó su celular, y encontró el contacto más nuevo: Licenciada Verónica Gutiérrez.

 

Ya puedes tener una cita con ella. Ven por ella aquí.

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